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sábado, 18 de marzo de 2023

La ilusión

 Me abrazas y te preguntas si soy feliz,

Porque lloro, 

Porque callo,

Porque me ausento.

Pero esa soy yo.


La pequeña llama en medio de un bosque de papel,

La roca que sobresale del acantilado,

Potencial desastre

siempre al borde del derrumbe, 

No se amar sin desesperación, 

Sin llanto,

Sin angustia,

Feliz, pero quebrada

Rota, pero completa.


Así como escribia Susane Thenon

"El mundo no se ensaña con los que odian, en cambio te amo y todo alrededor es catástrofe"

Entonces, 

aun si lloro, 

aun si no quiero hablar,

Si me ves ausente,

Si solo parezco triste...

Esto es lo importante: soy está que llueve, que arde, que se deshace en el viento y que desaparece. 

No sé ser distinta. 

No esperes de mi sol, cuando solo se de silencios. 




jueves, 1 de septiembre de 2022

Otoño eterno

De tanto en tanto esa parte de mi que nunca te deja, te regresa a mi mente... a mis sueños. 

Enfermo.

Mi subconciente sufre el presente, afiebra de recuerdos y alucina con caminos que mis pies olvidaron recorrer en un pasado aciago e infame. 

Pesadilla donde quebraré mi copa y dicha a cambio de un beso tuyo.

Donde rasgaré cicatrices y desecharé mis trofeos a cambio de un momento a tu lado.

Donde tu voz se desdibuja de mis rocas, su eco no revolotea en mi mente y ya no destruye mis ganas de cantar.  

¿Hasta donde llegará la cicatriz que marcaste en mi destino?

Vuelvo a sentir tu mano sobre mi soledad, triza mi cielo y nubla mi día. 

Despierto en mi realidad del deseo atado, de la pesada condena, de la vergüenza borrasca.

Te soñé como siempre otoño de mi vida, perdido en las trampas de mi mente, enredado en mi deseo oculto, donde nunca terminas de ahogarte y sobrevives aferrado a la ilusión.

Siempre me alcanzas cuando más brilla mi sol, cuando más largo es mi día y cuando más cálida es mi briza... entonces de pronto mis hojas se debilitan, se marchitan, caen y no puedo retenerlas. Están a mis pies y solo puedo resignarme a verlas morir mientras espero tu viento. Ese que nuevamente las barrerá por calles olvidadas... donde veré las batallas por las que no luché, las heridas que no curé, la tormenta en la que no te cobijé y se enfría mi vida en el perdón que nunca pedí. 

lunes, 27 de diciembre de 2021

Al Ausente

Mientras escribo esto pienso que quisiera de algún modo poder fotografiar los últimos años, y así quizás, plasmar esas imágenes que resultan tan duras y tristes del vacío que vas calando en la persona que más amo.

Quizás no existan palabras, quizás no haya forma de explicarlo… quizás por eso no has logrado entender lo que pierdes día a día al ignorar al niño que dices amar.

¿Mi papá se olvidó de mí? – Me pregunta el niño que abrazo en las noches – ¿Por qué no me llama? ¿Por qué no viene? – Yo nunca tengo respuestas, solo más preguntas. – Dios es nuestro padre – le digo – Él es todo lo que necesitamos. Él cuida de nosotros – Me mira triste y asiente en silencio, pero algo no le calza.

Entre sus amigos, él es quien más habla de su papá – Vive en Santiago – les cuenta – Tiene un trabajo muy importante y yo iré en vacaciones a verlo – dice. En octubre comenzaba a desesperarse por viajar y estar contigo. Contigo… que ni lo llamas, contigo… que ni lo visitas. Contigo, que ni supiste que la semana pasada pasó una noche con fiebre y que entre su dolor te llamaba. Él, por sobre todas las cosas, ansía verte.

Vamos al parque y mientras juega con otros niños, de pronto, lo observo con la mirada perdida en la escena de un niño que juega con su padre. Sacude su cabeza y vuelve a jugar. De vuelta a casa no dice nada, pero camina barriendo las calles con la mirada, como arrastrando un pensamiento a fuerza de no querer aceptarlo. Yo no le hablo de ti porque hará preguntas, tiene miles y por mucho que duela, yo sigo sin tener respuestas.

Me pregunto si pensarás en él siquiera la mitad de lo que él piensa en ti… me pregunto cómo puedes dormir en las noches sin saber si tu hijo está bien o no, si no le hicieron algo en el colegio, porque sabes que siempre lo han molestado ¿Cómo puedes cerrar tus ojos sin antes escuchar su voz? Deberías darme la receta, a veces despierto cuatro o cinco veces en la noche solo para cerciorarme de si está bien tapado o si duerme bien.

Cada noche nos acostamos y el ora. Él le pide a Dios por ti, por tu familia y su oración se vuelve clamor y a veces hasta lagrimas derrama rogando por ti, para que nada malo te pase, que sus ángeles te cuiden, que te dé tiempo para que vengas a verle… mientras tú vives tu vida lejos, como una persona que no tiene ninguna responsabilidad en la vida y sintiendo que me haces un favor al depositar una miserable cantidad en mi cuenta cada mes (En aquel tiempo en que aún lo hacías). Quizás te digas a ti mismo que es más de lo que hacen otros y tal vez sea muy cierto, pero si eso es lo te hace un buen papá, entonces mira a tu hijo a los ojos y díselo tú mismo.

Dile que el dinero que mandas a fin de mes debe consolarlo mientras llora porque tuvo una pesadilla, dile que ese dinero debe enseñarle a jugar a la pelota y cantarle feliz cumpleaños. Ese que no le cantas desde hace años. Dile que ese dinero debe compensar las veces que le dices que vendrás y no llegas, o que debe ocupar el asiento vacío en los actos del Día del Padre. Y es cierto que yo puedo ocupar todos esos lugares, y puedo enseñarle todas esas cosas.

Yo puedo sin ti… yo, pero no él, por mucho que me duela aceptarlo. Siento que hay hombres que insisten en eso de que hay mujeres que somos madres y padres para excusarse. Pero no, es solo otra forma de engañarse. Uno es cien por ciento mamá, yo no puedo ser padre de mi hijo, ese vacío no lo puedo llenar yo.

No te permito que ni con buenas intenciones te atrevas a cargarme tan grande responsabilidad, porque escapa de mis posibilidades incluso biológicas. Yo soy su mamá… mientras tú juegas a las escondidas.

Recuerdo la última vez que discutimos. Dijiste que llegarías el sábado en la mañana. Yo lo desperté  temprano, se arregló como nunca y quiso preparar el desayuno. Yo lo dejé, así me puse a ordenar otras cosas y cuando volví él estaba pegado a la ventana esperando. Miré la hora, eran las nueve aproximadamente – Ojala no tarde mucho – pedí en mi fuero interno, pero dieron las once y mi hijo no se había movido un centímetro de la ventana, la comida se había enfriado y a cada rato él decía “Parece que ahí viene” “Ese si es mi papá” “Ahí viene un colectivo” “Viene una micro” “Ahora sí que viene” Pero cuando te llamé estabas en otra parte. Habías pasado a ver a un amigo. Sabe Dios porque no avisaste, pero al menos yo si supe cuáles eran tus prioridades. Llegaste a las cinco de la tarde. Y después de que lloró un rato, después de que pasó de la tristeza a la rabia y luego frustración, cuando llegaste aún le quedaba alegría para ti. Cuando al fin tocaste la puerta saltó del sillón y corrió a lanzase en tus brazos.

Podías dedicarle dos días cada semestre, pero ni eso le dabas. Solo una tarde y una mañana y eso era cuando te dignabas a venir. Porque lo dejaste esperando incontables veces en la misma ventana. Le cancelabas un día antes, después de que él había transmitido al mundo entero tu llegada ¡Si hubieses podido ver su mirada mientras escuchaba tus excusas! Si yo fuera Dios, no tendrías perdón.

He optado por no decirle que vendrás hasta que no has tocado la puerta de la casa, LA vez que vienes al año. Así evito ver esas lágrimas para las que no tengo consuelo suficiente, o ver esa mirada perdida en medio de un rostro roto por esa decepción que no le cabe en el cuerpo.
– ¿Por qué mi papá me miente? Nunca cumple lo que dice – Se pregunta. Yo siempre trato de bajarle el perfil y hacerlo pensar en otra cosa. Pero esa duda está escrita en sus ojos, está en ese tinte de tristeza que se ha teñido en su mirada.

Cuando era más pequeño y se acercaba la fatídica fecha del “Día del Padre” se emocionaba. Tenía que prepararle algo a su papá porque estaba lejos y tenía que enviárselo. Pasaba días angustiado porque quería hacer algo hermoso, algo que llamara tu atención, algo que significara o mereciera al menos una llamada de vuelta ¡Le has retribuido tan tacañamente todo su amor y devoción a ti! Esa fecha cada vez significa menos para él. Tu cada vez, cada día, cada asiento vacío, cada excusa, cada silencio y cada ausencia vas significando menos para él.

Quisiera decirte que llegará un día en que al fin te acuerdes de llamarlo y él pondrá el celular en silencio, que llegará un día en que quieras verlo y el estará demasiado ocupado contando las nubes para darte un tiempo, pero ¿Sabes qué? Ese día no llegará. Porque conozco a mi hijo y sé que te seguirá esperando, te seguirá recibiendo con una sonrisa y seguirá emocionando cuando le vengas a ver. Me di cuenta de eso el día que supo que le mentiste, pero aun así quiso verte. A él no le importa que le mientas, a él no le importa que falles o que tardes. A él lo único que le importa es que a pesar de la hora, el lugar y tus promesas rotas; llegues.

Él te sigue esperando… y sabes que nunca te he negado la entrada a la casa. Esa no puede ser tu excusa. Pero tú, aun pudiendo llamarlo gratis, no lo haces. Aun pudiendo organizarte para venir al menos unas 3 o 4 veces al año, vienes solo una y llegas tarde ¿Cómo puedes decir que lo amas? ¿Cómo puedes tener su foto de portada en Facebook? ¿Cómo puedes hacerte la víctima frente a tus amigos del padre que sufre por la distancia cuando no tienes idea de cuantas veces se enferma al año, de las materias que le cuestan en el colegio o como se llaman sus amigos? Tú no sabes nada de él, eres eso que define el diccionario, eres quien engendró, pero te estás perdiendo ser el héroe de un niño para quien, hasta hace unos años eras el más grande del mundo. Tú eras lo que él deseaba ser ¿Qué sabe él de que lo engendraste o no? Él nunca te llamó papá por eso, él te dice papá por todas esas cosas que espera de ti y que tristemente nunca recibe.

Me encuentras loca y exagerada, poco comprensiva y exigente, pero esto no se trata de mí, ni siquiera de ti. Tú y yo decidimos escribir un libro aparte y ese día esto dejó de tratarse de nosotros. Ahora solo se trata de él: Se trata del niño que te espera pegado a la ventana con el corazón palpitante, de su mirada resplandeciente en cuanto cree verte en la silueta de un desconocido. Se trata del niño que ha tenido que conformarse con lo que te sobra y de los ojitos ilusionados que me preguntan a cada momento – ¿A qué hora llega papá? –. Pero por sobre todo, se trata de cómo vas hiriendo ese corazón con las promesas que no has sabido cumplir y con el vacío que solo has sabido hacer crecer.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Cartas

Cada vez tengo más miedo de lo patética que puedo llegar a ser, aún parece que algo en mi interior cree que a él le importa. Esa esperanza que llena de aire el vacío que dejó su ausencia, provocándome vagos recuerdos de lo que se sentía estar completa. 

Ahí esta esa carta, esperando ser entregada. Más; esperando significar algo para el.

Te fuiste

Te fuiste.

No tan lejos como la ultima vez, pero por más tiempo. 

Te fuiste y dejarás de detener mi corazón cuando te encuentre por sorpresa. 

Te fuiste y disminuyen las esperanzas pero aumenta el deseo. 

Te fuiste y tal vez no vuelvas. 


Te fuiste y mi alma alimenta la angustia y la angustia se come mi alma. 

Si se cosecha lo que se siembra ¿Qué debo sembrar para cosecharte a ti? 

¿Si siembro amarte en silencio cosechare amores mudos? 

... Porque no me importaría si fueran los tuyos.


¡Ah! cruel esperanza, cruel porque me tiene esperando lo que se que no vendrá. 

Crueles circunstancias. 

Crueles distancias. 

Cruel tu tiempo que no me bastas. 

Cruel olvido que no me alcanzas.


Oct. 2010

Más allá

Más allá de toda lógica sigue aquí.

Abre sus ojos y mira mi rostro, 

mis ojos cerrados fingiendo que no estoy a su lado, 

mi respiración calculada y distante, 

mis labios ajenos, 

mis brazos abandonados sobre su cuerpo.


Se levanta y deja una flor, 

cuyo corazón se deshace en mis manos, 

cuya hermosura se despedaza en mis ojos, 

cuyo sentido y razón se fragmenta en su perturbada esperanza de que yo algún día lo ame.


Jun. 2011

De mi silencio

Tu recuerdo como susurro suave se cuela en mis pensamientos, en medio de mis sueños perturbados por la cobardía. Mis sentimientos por ti jamás fueron tan superficiales como he querido que se vean. Una parte de mi te anhela, anhela tu dulzura y tu voz. Estoy esforzándome para ocupar mi cabeza en otras cosas, en otras personas, pero de algún modo siempre llego a ti…

No he podido pasar un día sin pensarte y pensarte, sin revisar lo poco que me queda de ti. Me esfuerzo, te juro que estoy tratando de vivir sin extrañarte, sin sentir el vacío, sin pensar en cuanto deseo volver el tiempo atrás y no haberte despedido, y ¿sabes? Me siento bien, me siento entera. Hay gente genial rodeándome. Estoy poniéndome de pie aún más firme que antes y creo que ya nada de ti puede afectarme. Voy creyendo que fuiste un capricho mío, que en realidad no hay mucho en común entre tú y yo... que la sola idea era ridícula y voy convencida que estás saliendo de mi corazón hasta que me llegó tu mensaje.

“Solo por esta noche, te extraño”

¿Dónde quedó la paciencia? ¿Dónde quedó nuestra decisión de esperar? ¿Dónde quedó el niño dulce cuando te decidiste a herirme? ¿A dónde se fue cuando te dije que no soportaba más esto? ¿Por dónde se nos coló la cordura? Y ¿Dónde la dejaste cuando me escribiste? 

Nunca debimos coincidir y lo siento, lo siento, lo siento inmensamente.  


Jul. 2015